El bajo, los acordes de tres notas, las tríadas y el bend — en ese orden
Fujita pide una cosa antes que cualquier otra: no improvises hasta tener la forma en el cuerpo. Así que se empieza por el bajo, después los acordes, después las tríadas, y recién al final el bend. La sala te mide si el bend llegó a la nota y cuánto silencio dejás.
El blues es la raíz de casi todo lo demás —rock, jazz, funk—, y él lo dice de una manera que conviene copiar: aprender el blues es aprender tu árbol genealógico musical. Si seguís las influencias de cualquiera que te guste, casi siempre terminás ahí.
Y su advertencia principal, que es la que arma esta sala: hasta que no entiendas la progresión, no improvises. Dice que hasta los alumnos de Berklee tocan los acordes equivocados porque no tienen la forma metida en el cuerpo: suena a blues pero no sigue la progresión. Por eso el primer ejercicio no es un solo, es tocar el bajo hasta que la forma se sepa sola.
Sobre el escucharlo a B.B. King: era cantante antes que guitarrista, y eso se le nota en el fraseo. Tres cosas que Fujita quiere que se aprendan de él: el bend grande —un tono o más, con vibrato después, que antes de él casi nadie hacía—, la calidad de canto, y sobre todo el uso del espacio: tocaba con vientos y se contestaban, así que dejaba lugar. Ése es el último ejercicio de acá.
Y una que sorprende: B.B. King casi no usaba la pentatónica menor. Venía del gospel y frasea en mayor, con tríadas, influido por Charlie Christian. Por eso el capítulo dice, textual, que no toques sólo pentatónica menor: no sigue la progresión y suena a ejercicio.
Lo de siempre: acá no se copia ningún diagrama. Se le dice a la cuenta «el acorde de La con la fundamental en la 6ª» y ella busca dónde caen la 3ª y la 7ª al lado. Por eso el blues se pasa a cualquier tono — y el de Mi, que el libro pone al final del capítulo, es el mismo con otro número.
Cada bend deja una marquita: al medio es haber llegado justo, a la izquierda es haberte quedado corto. La franja verde son ±20 cents. Casi todo el mundo se queda corto y no se entera, porque desde adentro el esfuerzo se siente igual. Fujita dice que para hacer un bend con gusto hay que saber exactamente de qué nota a qué nota estás yendo; esto te dice si llegaste.
Acá el micrófono sirve más que en ninguna otra sala, porque el bajo y el bend son de a una nota: eso el detector lo lee perfecto. En los acordes y las tríadas, tocá las notas sueltas. Y para el ejercicio del silencio alcanza con que el micrófono te escuche: lo que mide es cuándo no tocás.